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La crisis pasa factura a las notarías

03/05/2015

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria provocó un frenazo en seco del mercado, lo que impactó de lleno en el corazón del negocio de las notarías. SAN SEBASTIÁN. Aunque parezca mentira, el colectivo de los notarios recibe ahora, cuando la crisis se da por superada, los últimos coletazos del estallido de la burbuja inmobiliaria. El mismo negocio que hinchó los ingresos de los fedatarios públicos en los años de auge del ‘ladrillo’, más bien la actual ausencia del mismo, ha obligado al Ministerio de Justicia a revisar lo que se conoce como la ‘demarcación notarial’, que viene a ser el reparto de despachos a lo largo y ancho de toda España. En Euskadi, el nuevo mapa obliga a amortizar 17 notarías, cuatro de ellas en Gipuzkoa (dos en San Sebastián, una en Eibar y otra en Arrasate), que desaparecerán y no volverán a ser convocadas en los futuros concursos de plazas aunque sus titulares se jubilen, fallezcan o se trasladen a otro lugar. Será una transición tranquila y que no generará ningún impacto en términos de empleo ni de atención al cliente, pues ninguna población, por pequeña que sea, quedará desatendida. De hecho, la transformación ha puesto especial empeño en mantener las notarías rurales unipersonales, como la de Segura, una de las de más tradición en el territorio. «Las poblaciones más pequeñas en las que se realiza algún ajuste en Euskadi son Llodio y Sestao». Así lo asegura Mario Martínez de Butrón, decano del Ilustre Colegio Notarial del País Vasco, quien explica que el descenso de los ingresos en las notarías del País Vasco de las firmas relacionadas con el segmento inmobiliario ha sido de entre un 50% y un 60% con la crisis, lo que ha hecho que la facturación total de los despachos vascos caiga de media un 40%. El impacto en el conjunto del Estado se concreta en la desaparición de 339 oficinas. El pasado 6 de marzo, el Consejo de Ministros, a propuesta del titular de Justicia, Rafael Catalá, aprobó un real decreto para adecuar a la realidad económica del Estado esa distribución de las notarías. El cambio, señalaron fuentes del departamento de Catalá a DV, «guarda relación directa con la situación de crisis económica que ha atravesado nuestro país, y que nada tiene que ver con la demanda prevista de servicio público notarial que sirvió a lo largo de los años 2004 a 2007 para elaborar la demarcación precedente». Ahí está el motivo del desajuste, en la lentitud a la hora de reaccionar. El anterior reparto se comenzó a preparar en 2004 y se concluyó en 2007, justo cuando la burbuja estaba en pleno crecimiento y nadie, como ha quedado demostrado después, contemplaba la posibilidad de que todo se fuera al garete. Había negocio y necesidad de notarios, y se aumentó el parque. La legislación sitúa la revisión de la demarcación cada diez años, aunque se puede abordar de manera excepcional cada cinco. Desde la última revisión, por tanto, han pasado ocho largos años. Martínez de Butrón añade otro factor a la hora de explicar el sobredimensionamiento del sector: la irrupción en octubre de 2000 de los corredores de comercio, a los que se equiparó a efectos prácticos a los notarios. «Se hablaba de desaceleración, pero en septiembre de 2007 yo recuerdo que me encontré la notaría vacía, había ‘overbooking’ de notarios; luego hablaban de brotes verdes, pero ya ves...», añade, lacónico, el decano. Poderes y testamentos, al alza Justicia subraya que «la disminución de la actividad económica ha sido radical y abrupta desde 2008, y se ha agudizado en el ámbito notarial». Para muestra, un botón. Según datos del Ministerio, en estos últimos ocho años la compraventa de vivienda se ha desplomado el 64,42% en todo España, y el valor de esas transacciones ha caído un 48,51%. Al mismo tiempo, los préstamos con garantía real (cuando el piso u otro inmueble responde del pago de las letras) ha descendido un 79,31% y las escrituras públicas de cancelación (cuando se termina de pagar la casa) han hecho lo propio en un 59,51%. En las subrogaciones (típicas de las ventas de segunda mano, cuando el nuevo dueño se queda la hipoteca del primero), el retroceso ha sido del 81,94%. En ese tiempo, desde la última demarcación, sólo han crecido los poderes (21,29%) y los testamentos (2,65%), documentos ambos que, como recuerda la notario de San Sebastián Inmaculada Adánez, están especialmente bonificados y responden a asuntos que difícilmente disminuyen. Adánez insiste en que los clientes no notarán el cambio en Gipuzkoa, donde quedarán 13 oficinas. De hecho, explica, en San Sebastián –como en el resto de capitales vascas– los dos despachos que se amortizan «ya estaban vacantes». Lo mismo pasa en Eibar, donde en la actualidad existen tres notarias pero una no está cubierta. «En Gipuzkoa hay despachos cada siete kilómetros, con lo que el cliente seguirá cerca de nosotros cuando nos necesite», afirma. Esta fedataria pública pone en valor al notario y asegura que los despachos «están muy bien equipados y cuentan con profesionales muy competentes y los mejores medios técnicos». «Si tú vas con prisa a una notaría y pides lo que sea para mañana, lo vas a tener para anteayer», insiste. Llaman la atención esas dos vacantes en Donostia, una plaza, en teoría, atractiva. Pero es que todo ha cambiado mucho, confiesa Martínez de Butrón. Él empezó su carrera en un pequeño pueblo de Valencia y fue ganando plazas en localidades cada vez mayores. «Pero es que eso ahora no pasa, esas dos plazas de San Sebastián quedaron vacantes; es sangrante que los chavales que empiezan no quieran venir a lugares así por que pierden dinero al tener que realizar una inversión inicial que no van a poder compensar», apunta. El decano reconoce que algunos notarios vascos lo han pasado mal e, incluso, han tenido que hacer algún ERE. «Han sido muy pocos en comparación con las reducciones de jornada, que ha habido más, pero como eran despachos significativos....», dice. Aún así, Martínez de Butrón relata que la crisis o este ajuste que viene ahora no comportan salidas abruptas de personal: «Una notaría es como una pequeña empresa familiar, no hay despidos, y cuando una cierra la gente, que está muy preparada, se suele recolocar en otra». La plena efectividad de la nueva demarcación, insiste Justicia, «debe ir acompañada de una periodicidad correcta de la convocatoria de oposiciones, de la promoción de la carrera administrativa y, en definitiva, del debido ajuste del número y clasificación de las notarías a la situación económica actual del país y a las previsiones de próxima evolución».

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