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LA APORTACIÓN DE INMUEBLES AL CAPITAL SOCIAL DE UNA SOCIEDAD

09/03/2009

LA APORTACIÓN DE INMUEBLES AL CAPITAL SOCIAL DE UNA SOCIEDAD

El capital social de una sociedad debe desembolsarse por sus socios mediante dinero o mediante la aportación de otros bienes. Si nos centramos en las sociedades capitalistas y, más concretamente, en las anónimas y limitadas, en el caso de aportaciones dinerarias, el más habitual, el socio ingresa en la compañía dinero recibiendo, a cambio, acciones o participaciones. Pero la ley permite que, además, se puedan aportar otros bienes que no consisten en dinero y que tienen que cumplir una serie de requisitos para ser admisibles. Estas son las denominadas “aportaciones no dinerarias” al capital social que se pueden realizar en dos momentos diferentes: bien en el momento fundacional de constitución de la sociedad, bien en un momento posterior de aumento del capital social.

Para determinar qué bienes y derechos son susceptibles de aportación hay que tener en cuenta que los mismos deben cumplir dos condiciones: tener naturaleza patrimonial y poder ser valorados económicamente conforme a criterios objetivos.

No existe una relación cerrada de qué activos pueden aportarse como contraprestación al capital social, pero podemos señalar, a modo de ejemplo, los siguientes:

- Bienes muebles e inmuebles (vehículo, local, finca),
- Derechos de crédito (préstamo),
- Empresa o establecimiento comercial, industrial y de servicios,
- Derecho de usufructo sobre vivienda,
- Contrato arrendamiento,
- Derechos de propiedad industrial (patentes, marcas).
-
Queda prohibida la aportación del trabajo o servicios que los socios realicen para la sociedad pues, si bien pueden ser valorados económicamente, no son susceptibles de integrar el patrimonio social.

Las ventajas de este tipo de aportación pueden ser diversas:

- Se evita la necesidad de desembolsar dinero en metálico.

- Fiscales: siempre que se cumplan una serie de condiciones, la aportación no dineraria podrá tener un tratamiento fiscal ventajoso.

- Agilidad, simplicidad y menor coste: pongamos por ejemplo el supuesto en que varios socios quieren fundar una empresa para desarrollar la actividad de promoción inmobiliaria y uno de ellos es propietario de una finca que la quiere transmitir a la nueva sociedad. En principio, lo más sencillo será que realice una aportación no dineraria de la finca, aportando el resto de socios otros bienes. A cambio recibirá, un número de participaciones o acciones de la nueva sociedad cuyo valor será equivalente al del inmueble aportado, que quedará integrado en el patrimonio de la nueva sociedad. De esta manera, en lugar de efectuar dos operaciones jurídicas diferentes (constitución de la compañía y compraventa de la finca por parte de la sociedad al socio), realizaremos una única que es la constitución de la sociedad aportando la finca como desembolso de las acciones o participaciones. De esta manera quedan integrados los dos negocios en un único acto.

No obstante lo anterior, es muy importante tener en cuenta el régimen de responsabilidad establecido para este tipo de aportaciones, bastante más riguroso que en el caso de aportación de dinero, lo cual tiene su explicación en la necesidad de garantizar el principio de efectividad del capital social, es decir, el de correspondencia entre el valor de lo aportado y el valor nominal de lo adjudicado (acciones o participaciones). Se trata, en definitiva, de evitar una sobrevaloración de lo aportado que garantice la posición de los socios, terceros y sociedad.

En este sentido se establecen diferencias en la normativa, según se trate de una sociedad anónima o limitada. En la primera se exige la realización de un informe por un experto independiente nombrado por el Registrador Mercantil que realizará una descripción y valoración de las aportaciones no dinerarias. En cambio, en las sociedades limitadas no es obligatoria la intervención de experto, lo que, por un lado, agiliza y abarata el procedimiento pero, por otro, establece una responsabilidad solidaria de los socios frente a la sociedad y los acreedores, que responderán tanto de la realidad como de la valoración atribuida y de los administradores, si bien estos últimos en menor grado.

En el caso de que el bien a aportar sea un inmueble existirá para el socio aportante la misma obligación de entrega y saneamiento que la establecida para un vendedor en un contrato de compraventa. En este caso se producirá la entrega del inmueble en el momento en que se otorgue la escritura de constitución o de aumento de capital, según proceda. Esta escritura deberá inscribirse, además de en el Registro Mercantil, en el Registro de la Propiedad correspondiente a efectos de anotar el cambio de titular del bien. Si el inmueble tiene cargas o gravámenes, habrán de tenerse en cuenta a efectos de reducir la valoración en el importe de las mismas.

Como conclusión, para planificar de forma adecuada la operación a realizar, cuando nos encontramos con la posibilidad de realizar una aportación no dineraria a una sociedad debemos asegurarnos, al menos, de que la valoración económica del bien se corresponde con la realidad a efectos de dotar de mayor seguridad jurídica el negocio pretendido y de evitar, en la medida de lo posible, las indeseables responsabilidades posteriores que una mala planificación jurídica nos pudiera acarrear.

Nuria Cancelo
Departamento Fiscal
www.cialt.com
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